miércoles, 8 de agosto de 2007

De la selva a la jungla


Dedicado a todos los que emprenden viaje desde el sur a la capital...







El canto de centenares de pájaros en mi ventana; la lluvia interminable de invierno; la sonrisa del viejo lechero y filas de humo jugueteando en el cielo, eran parte fundamental en mi diario vivir. Quería traérmelos a todos en mi maleta, pero no pude. Llegue a un lugar desconocido, donde la gente no vive, sino que sobrevive. Muchos me dieron consejos, como que no lleve la billetera atrás del pantalón y que no se me ocurra contestar el celular en el Paseo Ahumada, pero nadie me dijo que acá se habla en otro idioma.

Como dice Shakira, ciegos, sordos y mudos es la mayoría de la gente que viaja en micro. Nadie acostumbra a conversar con la persona que tiene al lado, algunos dicen que es por desconfianza, otros simplemente prefieren hacerse los dormidos. En el sur solía hablar con el chofer mientras pagaba mi pasaje y luego al bajarme, le pedía que detenga la máquina donde yo quisiera, en cambio ahora todo se hace mediante un pito, al subirme “bip” y si quiero bajarme tengo que tocar un timbre. Me encanta hablar, por lo que no comprendo que 6 millones de habitantes prefieran sellar sus labios, en vez de comunicar.



1 comentario:

Manuel dijo...

Fuerte cambio pa' un unionino. Son varios los de región que han sufrido el sindrome 'irse estudiar en Santiago'. Nosotros ya estamos acostumbrados, pero no digas que los 6 millones se sellan los labios y son así como dices. Hay muchos que también detestan eso.

Yo conozco el sur y sé lo agradable que es pasearse por las fiambrerías, kioskos, pools y demáces, y en cada uno conocer a un viejo nuevo. Siempre extraño eso después de mis veranos, la calidez de los pueblos chicos. Sobre todo estando en santiago.